Por Juliagnis García
El inicio de un nuevo año suele venir acompañado de metas, propósitos y decisiones orientadas al crecimiento profesional. Sin embargo, cuando se trata de emprender, la motivación inicial no siempre es suficiente para sostener un proyecto en el tiempo. Así lo expuso Tulio Dávila durante una entrevista en el programa «En Contexto», en la que abordó el emprendimiento desde una mirada realista, alejada de discursos idealizados y enfocada en la ejecución, la adaptación y las ventas.
Durante la conversación, Dávila planteó que uno de los primeros desafíos del emprendedor surge incluso antes de lanzar el negocio: el entorno cercano. Familiares y amigos, explicó, suelen reaccionar con cautela ante la decisión de emprender, no por falta de apoyo, sino como un mecanismo de protección frente al riesgo. En este contexto, la visión se convierte en un ejercicio solitario, donde el emprendedor debe confiar en su criterio, aun cuando otros no logren ver la oportunidad.
Otro de los puntos centrales fue la desmitificación del rol del emprendedor. Lejos de la imagen del ejecutivo que solo toma decisiones estratégicas, el inicio de cualquier proyecto exige asumir múltiples funciones de forma simultánea. Finanzas, ventas, atención al cliente y gestión operativa forman parte de una etapa de aprendizaje acelerado que obliga a desarrollar habilidades más allá de la formación académica.
El perfeccionismo también fue señalado como un freno común. Dávila insistió en que esperar condiciones ideales puede retrasar indefinidamente el arranque de un negocio. Bajo la premisa de que “hecho es mejor que perfecto”, destacó la importancia de comenzar con los recursos disponibles, mejorar sobre la marcha y permitir que el mercado valide la propuesta. El feedback del cliente, en este proceso, se convierte en una herramienta estratégica de mejora continua.
Desde una perspectiva comercial, el énfasis estuvo puesto en las ventas y el flujo de caja. Un negocio sin clientes, explicó, tiene una vida útil limitada, independientemente de la calidad del producto o servicio. En este sentido, el mercadeo constante y el seguimiento activo a nuevos prospectos resultan determinantes para sostener la operación y enfrentar los desafíos propios del crecimiento.
Finalmente, Dávila subrayó la importancia de no emprender en soledad. La construcción de redes, comunidades o espacios de intercambio entre emprendedores permite compartir experiencias, reducir la sensación de aislamiento y fortalecer la motivación. Rodearse de personas que comprendan el proceso facilita la toma de decisiones y aporta una visión más amplia del camino empresarial.




