Turismo (Edición 97)

San Miguel de Jima: una parroquia con historia.

Edición: ENCONTEXTO Fuentes: wikipedia eltelégrafo elcomercio.

Fue fundada el 12 de noviembre de 1820. Tiene 3.290 habitantes, distribuidos en sus comunidades. Está limitada, al occidente, por el nudo del Portete – Tinajillas, cuyo pico dominante es de 3.424 msnm; al norte, la cordillera: Gulazhi, Chulo, Shirishi y Palpal; al este, la cordillera oriental de Morire, con una elevación de 3700msnm; y, por el sur, la cordillera de Allparupashca.  Jima tiene topografía totalmente accidentada y cuenta con elevaciones: Amazhara, Huinara, ZhimaZhuma, Yugul, Pillausho, Cubic, Rumiurco, Pallcurco, Raquizhapa, Saninga, Apura y Apuga, entre otros.

La provincia de Morona Santiago tiene la primera Área Protegida Comunitaria del Ecuador: el Bosque Protector Tambillo, de 1 964 hectáreas, cuidado desde hace más de 40 años, por 20 familias de Jima, cantón Sígsig, en el límite con esa provincia amazónica, mediante acuerdo ministerial firmado el 3 de mayo del 2018 y pasó a formar parte del Subsistema Nacional de Áreas Protegidas, con derechos y obligaciones. El bosque está ubicado a 40 minutos de Jima, en la vecina parroquia San Miguel de Cuyes, cantón Gualaquiza, Morona Santiago, con amplia riqueza en flora y fauna.

A medida que se desciende por una carretera sin asfalto, aparece un paisaje con grandes sembríos. Se divisan también sus habitantes cultivando la tierra o arreando el ganado.   A la entrada de la parroquia, se puede observar que las primeras casas fueron construidas de bahareque, una mezcla de madera y barro, cuya técnica se ha perdido con el tiempo. Es la modernidad.  Ahora quieren casas con otros acabados. La neblina cubre parte del lugar, pero no lo suficiente para dejar de admirar el bosque y las vertientes, agua que alimenta el proyecto hidroeléctrico Paute, en Azuay. Cerca de 4 mil pobladores trabajan y viven en Jima; otros han migrado a EE.UU. o España, como ocurre con gran parte de los habitantes de Azuay. Los que se quedan gestionan ayuda para la parroquia, especialmente, para las fiestas de la Virgen del Rosario, en octubre.

La iglesia de la zona, con más de 100 años de construcción, forma parte del Patrimonio Cultural de la Nación, al igual que el resto de sus 200 casas, desde el 1 de abril de 2008.

El mayor orgullo de Jima, más allá de sus celebraciones, data del siglo XIX, cuando el Libertador Simón Bolívar recorrió las calles de la parroquia, antes llenas de polvo y piedras. Su paso no era un accidente: fue un sitio estratégico para los combatientes. Jima se convirtió en lugar de descanso para el ejército independentista. En 2013, Jima, Nabón y Oña, organizaron la primera ‘Cabalgata del Libertador’, siguiendo la ruta de Bolívar cuando visitó el austro ecuatoriano, siglos atrás, con toda su gendarmería, mientras se dirigía a Loja.

En Jima existen viviendas tan grandes, que tienen un patio trasero y otro frontal; las pequeñas también tienen su brillo. José Zhuñio, miembro de la Junta Parroquial, señala que la arquitectura del lugar es única: “La mezcla de barro y madera, además de dar elegancia a estas viviendas, conserva el calor y protege a las personas”. Caminar por el centro de Jima y admirar sus casas, lo llevan al pasado. Desde décadas lejanas, miles de ecuatorianos han hecho de la parroquia un lugar de descanso o su hogar.    

Son 200 casas patrimoniales, pero la perteneciente a la familia Zhuñio es una de las más apreciadas. Allí se hospedó Bolívar. La vivienda se muestra deteriorada y no ha recibido una capa de pintura hace años. La llamaron Plaza Bolívar.    Un escrito en una de sus paredes nos da una fecha de su reconstrucción: 1921, pues se sabe que fue edificado, al menos, 100 años antes. En ella, aún vive Baltazara Zhuñio, con 95 años, quien todas las tardes disfruta de su patio al aire libre. Los jimeños desean que la casa sea recuperada totalmente y convertirla en sitio de visita de turistas.  Han insistido al Municipio de Sígsig que adquiera la propiedad, para protegerla y rescatar el lugar donde pernoctó el Libertador de América. En 1822 desarrolló actividades históricas en el territorio del actual Ecuador. De su paso por Jima y su noche con los pobladores, poco se ha escrito en los libros.

Se cuenta con un proyecto para recuperar las viviendas, pues es importante mantener esta identidad cultural para las futuras generaciones, pero faltan recursos. Las casas patrimoniales son cuidadas y  reparadas por los propios dueños de las edificaciones; en algunos casos, se destruyen por falta de recursos.

Los 2 órganos de viento más antiguos de Ecuador reposan en Azuay: el uno en la Catedral Vieja de Cuenca y el otro en Jima. Silencioso hace mucho tiempo, y pese a tener 194 años, el órgano de realejo Jima está bien cuidado y conservado.

A primera vista, luce como una caja grande y sin uso. Sus teclas, aunque deterioradas, conservan sus característicos colores blanco y negro. El instrumento descansa a un costado del coro y, a su lado, están 2 grandes fuelles, para dar aire a los tubos y crear los sonidos. El órgano está integrado por 414 piezas, tubos grandes y pequeños que sobresalen en la parte alta del teclado. No todas las piezas están completas. Con tristeza, el ex párroco del lugar, Naldo Guevara, dice que faltan 54 partes para que el instrumento funcione en óptimas condiciones. Por falta de uso, el órgano pasa desapercibido para los habitantes de Jima; para algunos, es inservible; otros, en cambio, consideran que el piano de viento forma parte de la historia del lugar y debe preservarse. “Aquí está uno de los objetos más importantes que tiene Azuay y Ecuador”, reconoce José Zhuñio. “Muchos desconocen que en esta parroquia existe un instrumento tan antiguo, que nosotros valoramos y cuidamos”.

Pese a su antigüedad, el órgano aún emite melodías lentas, aunque un poco desafinadas, casi roncas, que se mezclan con el silencio de la iglesia. El 60% de sus piezas sirve.

Según la historia, el instrumento de tubos de aires único y fue construido en 1816; corresponde al siglo XVII. En su momento, fue declarado un bien patrimonial tangible y propiedad de la iglesia. Servía para oficiar las eucaristías, que entonces eran muy ceremoniosas, sobre todo en Navidad, Semana Santa y la fiesta de su patrona: la Virgen del Rosario. Pocas personas en Ecuador serían capaces de construir uno similar; “existen algunos organeros (personas que arreglan órganos) en Perú, en Argentina, en los Estados Unidos y en Europa y según lo que hemos averiguado, sólo existen 17 en el mundo”, dice con firmeza el ex párroco. Con el poco dinero que ha contado la iglesia se le ha dado mantenimiento, todo este tiempo.

El organero peruano Alejandro Rodríguez estima que se necesitarían al menos $ 30 mil para su arreglo total. “La Iglesia no tiene esos recursos”, replica el sacerdote, pero sueña con que el Ministerio de Cultura y Patrimonio los ayude con la reparación.

El órgano de viento de Jima, de 3 metros de altura y 2 de ancho, fue armado por los propios pobladores. Trajeron las piezas surcando las montañas, a caballo y cuando casi no había caminos delimitados. Para resguardar lo que llaman su joya más admirada, los fieles de la iglesia local han designado personas encargadas de su cuidado.    

Historiadores como Miguel P. Juárez se refieren al órgano de realejo de Jima como testigo y protagonista, hoy sin uso, de los albores de la independencia de Ecuador. Se sabe que Bolívar pasó por la zona, años antes de la inauguración del órgano de realejo, “por lo tanto podemos considerarlo como un instrumento de transición entre la colonia y la república”, dice el historiador Juárez en uno de sus escritos.

Jima conserva además otros objetos de valor, como la Virgen del Rosario. Los habitantes de Jima preparan los mejores programas para este festejo. En el patio del templo aún se conserva una pileta, donde según los habitantes, se posó el cuadro de la Virgen del Rosario. Para muchos, esa agua es ‘bendita’. Según sus habitantes, data de tiempos de la colonia. Sus campanas fueron donadas por el Rey V de España. Ambas reliquias fueron traídas por la cuenca del río Cuyes (Morona Santiago). El vino de manzana, elaborado en Jima, es digno de destacar. La manzana de la parroquia es famosa por su buen sabor; con ella también se elaboran mermeladas y dulces.

“Los que llevaban la imagen dijeron: donde se asiente la Virgen allí haremos una iglesia y fue así que se quedó en un sitio grande que posteriormente se llamaría Jima”, cuenta Marín.

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