Portada (Edición 97)

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Trasmisión de valores a través del Deporte: campaña de Fedeguayas, como aporte a la ciudadanía.​

Edición: ENCONTEXTO Fuentes: eltelegrafo, ecuadoruniversitario, forosecuador, Ecuavisa.

Guayaquil muestra otro rostro. El ir y venir de miles de ciudadanos es frenético, mientras las luces se encienden y alumbran los edificios, dándole un matiz diferente, policromo. El del nervio comercial y pujante del día se transforma, en la noche, en el espacio para la diversión y alegría. Las calles, plazas y avenidas reflejan las 24 horas del día, el intenso movimiento económico que caracterizó a Guayaquil, desde que fue fundada, a orillas del caudaloso río Guayas y al pie del cerro Santa Ana.

Todo ello matizado en la modernidad que ofrecen sus edificios y avenidas que se conjugan, en alegre sincretismo, con la belleza tradicional de sus monumentos y plazas, guardianes de su rica historia. La ciudad del astillero está de fiesta. Desde Las Peñas hasta los Guasmos y desde el ancho río hasta el barrio Garay, pasando por el Estero Salado, se vive y celebran sus fiestas julianas y, como en un sólo puño, todos los que en ella viven, se unen para recordar la gesta independentista del 9 de octubre de 1820. Sus habitantes, nacidos y residentes, se yerguen altivos y orgullosos de ser parte de una urbe que, con el empuje y trabajo, encaminan su inexorable y acelerada ruta al progreso y bienestar de todo el país.

Hablar de Guayaquil es hablar del río, afluente, emblema de la nacionalidad ecuatoriana, que inspiró desde siempre la tradición marítima de esta urbe huancavilca. El insigne Buque Escuela Guayas, con sus velas recogidas, acodera en el muelle del Yacht Club Naval, en el río del mismo nombre.

Desde los viejos muelles del malecón Simón Bolívar se exportaron apreciados productos, como el cacao, café, banano, pero esos añejos atracaderos dieron paso al moderno Puerto Marítimo, desde donde ahora salen los buques de gran calado hacia los distintos confines del planeta, llevando y trayendo, el 80% del producto exportable y el que ingresa a nuestro país.

Pero el Guayas no sólo inspiró el comercio. La frescura de su brisa también motivó a sus ciudadanos a vivir cerca de sus riberas. Por ello surgieron los tradicionales barrios, como Las Peñas, El Astillero, Caraguay y, hace poco, nacieron los lujosos complejos de apartamentos, como Puerto Santa Ana y Ciudad del Río, de iniciativa municipal y privada, respectivamente.

La moderna arquitectura urbana contrasta con la tradicional, donde predominan los portales, por donde transitan sus peatones, sin exponerse al sofocante sol de las mañanas y tardes. Pero su crecimiento urbano se dio, en gran medida, en zonas del sur, oeste y noroeste, donde asentamientos populares, sin planificación de autoridades locales, ganaron espacio a los verdes manglares y cerros.

Esta explosión demográfica provocó que familias dejaran los límites urbanos, para asentarse en terrenos de los vecinos cantones Samborondón, Durán y Daule, donde proliferaron -en los últimos años- urbanizaciones privadas y seguras, pensadas para todas las clases sociales.

Los guayaquileños se describen como personas joviales y emprendedoras. Esta tierra, de árboles de acacias, ceibos, almendros y otros frutos, así como de samanes, guachapelíes y más, acoge a un gran porcentaje de habitantes de ciudades del país y del mundo, que la convirtieron, con el paso del tiempo, en una urbe cosmopolita, capital comercial del país y punto de partida para visitar otros lugares del país.

La pasión por la buena comida, los amigos, el fútbol, la música y el baile, son carta de presentación del guayaco, que gusta de los ritmos tropicales, como la salsa, el merengue, la cumbia, la bachata, pero que también disfruta del rock, del reggaetón, y de cualquier género musical, a la hora de divertirse entre amigos.

En sus calles no hay espacio para el aburrimiento. La Zona Rosa de la calle Rocafuerte, barrio tradicional de la ciudad, las escalinatas del cerro Santa Ana, con sus cafeterías, restaurantes, galerías de arte, el museo marino, el faro, el mirador y la capilla; la ciudadela Alborada, la ciudadela Las Terrazas y otros lugares concentran el mayor número de discotecas, peñas y bares para todos los gustos.

Uno de sus músicos referentes es sin lugar a dudas el cantante Julio Jaramillo, quien después de 35 años de su muerte sigue tan latente en los hogares guayaquileños, como al inicio de su carrera musical. Un museo, en el sector Puerto Santa Ana, perpetúa la exitosa trayectoria artística del Ruiseñor de América, truncada por una enfermedad a sus 42 años de edad.  Es el embajador más conocido de nuestra música en varios países del mundo.

Pero, así como los guayaquileños se apasionan por la música, el fútbol es toda una religión. Esta ciudad es cuna de los equipos con las hinchadas más numerosas del país: Barcelona Sporting Club y el Club Sport Emelec cuando se enfrentan entre sí, disfrutamos del Clásico del Astillero.

Cada domingo, los seguidores de estos populares cuadros, ambos nacidos en el viejo barrio del Astillero, vibran con sus logros deportivos. Son memorables los clásicos escenificados en el viejo estadio Modelo, los modernos campos del Monumental del Barcelona y el Capwell de Emelec.

La afición por el deporte también va acompañada del deseo de superación de los guayaquileños que, a lo largo de su historia, ha sido cuna de ilustres personajes de la historia ecuatoriana. La ciudad cuenta con importantes centros académicos y secundarios estatales y privados. El Gobierno ha invertido en los últimos años en la creación de planteles dotados de toda la infraestructura y equipamiento, como demandan los actuales tiempos para apuntalar el desarrollo científico de sus pobladores.

La belleza de los malecones del río Guayas y del estero Salado, sus miradores en los cerros Santa Ana y Bellavista, su casco central, la modernidad del sector norte, así como su gastronomía, su gente y cientos de razones más, hacen que Guayaquil sea llamada -con justicia- la Perla del Pacífico.

Nuestra emblemática ciudad portuaria, nació y creció a orillas del río Guayas, en lo que hoy se conoce como el barrio Las Peñas y con los años se expandió hasta convertirse en una moderna urbe, la más poblada y activa económicamente del Ecuador. Actualmente, es un centro de comercio, con influencia a nivel regional, en el ámbito financiero, político, comercial cultural y de entretenimiento.

En pleno corazón de Guayaquil podemos encontrar el pasado y el presente, a través de sus parques, edificios y museos. Visitar el centro de Guayaquil no es sólo contemplar el movimiento bancario y comercial que se genera en cada esquina de la ciudad portuaria.

Al caminar por sus calles, podemos descubrir parte de su historia. Allí se mezcla lo antiguo y lo moderno, el pasado y el presente de una urbe que busca día a día su progreso.

La barriada, compuesta por el Fortín de la Planchada, la calle Numa Pompilio Llona y las edificaciones que se arriman al cerro Santa Ana y bordean el río Guayas, fue el punto donde nació la ciudad.  Durante la colonia sufrió innumerables ataques e invasiones por parte de piratas y aventureros de los mares que la quemaron y saquearon varias veces. Establecida, definitivamente, Guayaquil se convirtió -en poco tiempo- en un floreciente y próspero emporio de riqueza.

Por esa época, Guayaquil era ya una pujante ciudad que gozaba de gran fama y poder económico, no sólo por su comercio, sino por sus astilleros, los más importantes de la costa del Pacífico.  La vida en la ciudad continuó su ritmo normal entre incendios, ataques de piratas y el cotidiano trabajo, hasta que -a inicios del siglo XIX-, en toda América se empezó a hablar de independencia. Entonces, los guayaquileños proclamaron su independencia el 9 de Octubre de 1820.

Si bien, ésta es una fecha de unción cívica y de conmemoración, también se convierte en una oportunidad para hacer turismo, pasear y disfrutar en familia.  Y, para eso, hay algunas opciones que la ciudad nos brinda.

Desde hace años, la ciudad-puerto ha vivido grandes cambios arquitectónicos que regeneraron su imagen urbana, con el fin de atraer más visitantes y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Entre los sitios reformados se encuentran el Malecón Simón Bolívar, el parque Samanes, la av. 9 de Octubre, entre otros.  Y se la puede recorrer y conocer por tierra y por agua..y hasta disfrutar de vistas panorámicas de la ciudad, desde La Perla y el Faro. Veamos.

Los paseos en bote por el estero Salado

La actividad es altamente recreativa y permite pasear por el estero, para tener un contacto directo con la naturaleza y apreciar la flora y fauna del sector. Los paseos en botes a remo, lanchas, ciclo nautas y paseos eco-turísticos, han sido desde siempre una tradición del guayaquileño, que se había perdido por el descuido del estuario y sus zonas aledañas. Su historia se remonta al año 1841, cuando al sitio se lo conocía como “El Corte”, y servía para bañarse, pues se consideraba que las aguas -por su condición salobre- tenían propiedades medicinales. 

Para los años 20, el estero Salado tuvo su época dorada, al convertirse en el balneario más importante de la ciudad. A sus orillas se inauguró el parque de diversiones American Park que tenía juegos mecánicos, piscinas, toboganes, plaza de toros, canchas deportivas, conchas acústicas para eventos y en los que también se alquilaban los tradicionales botes de madera, y unos de fibra de vidrio que son más livianos al momento de remar. Actualmente, las embarcaciones están provistas de parasoles y, en caso de que el turista no sepa remar, puede contratar los servicios de un remador. También se ofrecen unos botes a pedal, denominado Cisnes y paseos en botes a motor. El uso del chaleco salvavidas es obligatorio para todos los navegantes.

El recorrido más usual para remar es saliendo del puente El Velero, hasta la Universidad de Guayaquil. O remar hacia el puente de la calle 17, para ir hasta las orillas de las restauradas y coloridas casas del suburbio oeste de Guayaquil. También se puede remar en sentido contrario, pasando por debajo del puente 5 de Junio, hasta llegar a la ciudadela  Urdesa, en cuyo trayecto se aprecia la flora y fauna del sector. Se ven aves, garzas y patillos, que anidan en los árboles. Y se aprecia el mangle, en sus cuatro especies: blanco, negro, rojo y jelí.

“Mi ciudad radiante y bella, tiene un río sin igual; tiene cerros esmeralda, y planicie singular; mi ciudad al sol naciente, la embelesa un nimbo azul, y se refleja en las aguas, con serena excelsitud… Mi ciudad es cual sultana, con dos fondos de cristal: uno es el río Guayas, es el otro un brazo de mar…es la Perla del Pacífico, de mis sueños, el jardín…es mi tierra, es mi cuna, ¡mi ciudad es Guayaquil!” 

letra: Pedro Maspons y Camarasa

Turismo fluvial por el río Guayas

Nacida al pie del majestuoso Guayas, la Perla del Pacifico, regala a sus visitantes hermosos paisajes de la antigua y moderna ciudad, que solamente podemos descubrir navegando por sus aguas. Existen varias empresas que dan estos servicios: El Morgan, simulando un barco pirata; un nuevo catamarán, como servicio municipal; lanchas de emprendimientos particulares, etc.

Algunos recorridos permiten conocer el Malecón 2000 hacia el sur de la ciudad, contemplando el antiguo Guayaquil, sus astilleros, el Mercado de Caraguay, hasta llegar al muelle de la Isla Santay, donde los recibe un guía nativo que los llevará a conocer la flora y fauna del lugar y el criadero de cocodrilos. También podrá degustar de un plato típico en el comedor de la Eco-aldea, construida con materiales ecológico y amigables al ambiente, para luego retornar a la ciudad.

En otros, se puede navegar a hacia el norte del Río Guayas, hasta la altura del nuevo Cerro Santa Ana, para conocer el lugar donde nació la ciudad, para luego, navegar hacia el sur, admirando todo el Malecón 2000, la zona del astillero, Astinave, hasta llegar al nuevo puente que une a Guayaquil con la Isla Santay, con un retorno que permite observar la ciudad desde mayor distancia. También se puede ir hacia el norte de la ciudad, hasta la altura del puerto Santa Ana, donde la nave se direccionará al cantón Durán y al Nuevo Complejo Ferroviario, donde se desembarca para recorrer con los guías, la nueva estación del tren, locomotoras antiguas y modernas, talleres; y, además, el puente que une a Guayaquil con Durán, para luego retornar a Guayaquil.

“Río Guayas, compañero mío, mis secretos los conoces todos.  Al mirarte surge su figura, lentamente, como si él volviera…”.  “…Me llevas en el verde de tu lecho y vivo en el lila de tu flor, descanso en cada quiebre de marea, me arrullo en el susurro de tu voz…”

letra: Ana María Cordovez

Guayaquil Tour Bus

Es una experiencia a otro nivel, que permite a los turistas conocer los encantos de Guayaquil en un Bus panorámico de 2 pisos, que recorre los principales puntos de atracción turística de la ciudad como: Malecón Simón Bolívar, Las Peñas, Malecón del Estero Salado, entre otros, mientras se disfruta de música en vivo, piqueos, bebidas (alcohólicas y soft) y las explicaciones de un guía turístico.  A pedido, se puede tener Hora Loca, payasos, animación o alquilarlo como chárter para grupos privados.

Las Chivas fiesteras

Éstas son vehículos preparados especialmente, para recibir turistas nacionales o extranjeros, con ambiente de fiesta, música, bebidas, concursos, mientras recorre distintos puntos atractivos de la ciudad.

La Perla

Con 57 metros de altura, es la primera rueda gigante del Ecuador y la más alta de Sudamérica. El turista disfruta de una nueva vista de la ciudad y de los paisajes que lo rodean, dentro de un complejo con todas las comodidades. 

Está ubicada en el Malecón 2000, un espacio renovado en el centro de la ciudad, a orillas del Río Guayas y cerca del Cerro Santa Ana, uno de los sectores más icónicos y emblemáticos de la ciudad. 

Desde La Perla, a gran altura, se puede apreciar nuestro querido río Guayas, el Malecón 2000, Puerto Santa Ana y todo el desarrollo urbanístico en ese sector de la ciudad, con hoteles, edificios de oficinas y departamentos, mientras atrás, los colores de las viviendas del cerro, sirven de fondo para esta vista.  Admirar los diseños que se han trabajado en el suelo, con adoquines de colores que semejan una gran guitarra, en la Plaza de la Música, las caminerías y plazoletas, con bancos que invitan al descanso y la contemplación del río o, simplemente, disfrutar de la paz y la brisa, es parte de lo que se aprecia desde La Perla. Además, toda la extensión del Malecón 2000, el Buque Escuela Guayas, cuando está en la ciudad, la torre del reloj morisco, y otros sectores de la urbe. 

En la noche, la belleza de la ciudad en movimiento, en las que destacan los juegos de luces y la iluminación de ciertos edificios modernos y también, la de los clásicos Municipio y Gobernación, junto al tráfico incesante de vehículos y personas.   

“Calles de piedra, románticas y estrechas, con sus casas de rejas retorcidas; guarda historias de épocas vividas, de los abuelos, linajes ya extinguidos…”

letra: Ana María Cordovez

El Faro del Cerro

Luego de subir los 444 escalones del Cerro Santa Ana, con sus descansos y pausas, para disfrutar de un bocadillo o una bebida, y visitar el museo naval al aire libre que existe en el sector, llegaremos a la parte más alta del cerro, donde podremos tener un momento de recogimiento en la capilla del lugar o tomarnos una foto con Juan Pueblo, sentado en un banco, disfrutando de un merecido descanso y de una visión 360 grados de la ciudad.  Pero, llegar hasta el faro y subir sus escalones, le dará la oportunidad de ver la ciudad en todo su esplender, con el río, los ramales del estero Salado, las importantes avenidas y edificaciones modernas y antiguas, las amplias áreas verdes del Parque Forestal y el nuevo parque del complejo Pío López Lara, los manglares del sur y mucho más.  Es una experiencia incomparable, tanto de día, como de noche, para hacernos sentir el orgullo de ser Guayaquileños de nacimiento o de adopción.

Por supuesto, siempre se podrá disfrutar de la ciudad con los recorridos a pie.  Los entendidos dicen que es la mejor forma de conocer cualquier urbe, grande o pequeña.  Pero, usted tiene la palabra para escoger.  Lo importante es que sienta la ciudad en toda su amplitud.  Seguramente, querrá regresar, porque Guayaquil acoge a todos sus visitantes con los brazos abiertos.  Mientras tanto, ¡Loor a la gesta de Independencia!  Aquí se gestó y nació la libertad de nuestra patria.

“Guayaquil, Guayaquil, Pórtico de Oro; que a la diestra del Guayas se levanta.  Tienes el alma del cristal sonoro, con que vibras en todas las gargantas…Ciudad del río grande y del estero, donde el sol es un sol domiciliado, que amanece riendo en el primero y se duerme jugando en el Salado…” 

Pablo Hanníbal Vela Egúez

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